Up & Down

Escaleras en Akelarre
por el estudio de arquitectura Mecanismo, de Marta Urtasun y Pedro Rica.

Cada paso que daban, cada peldaño que pisaban, se convertía en suelo luminoso hacia un lejano pero espléndido oriente. Se levantaban cúpulas en escorzo, rayos diamantinos y llamas de ámbar con rubores de coral contra sus rostros gozosos. (Variaciones sobre John Keats).

De cara al rio

No se puede decir que el río sea la “cara oculta” de la ciudad, de ninguna manera, pero hay días, cuando el mar está bravo, en los que todas las miradas se concentran en el extraordinario espectáculo que nos ofrecen las olas saltando en el Paseo Nuevo de San Sebastián.

Esta tarde volverá a ser uno de esos momentos, y todos estaremos allí, pero a esta hora de la mañana que la marea está baja, he vuelto la mirada hacia él . Ahí estaba magnífico, luminoso, apacible…


El viejo puente

El único viaje verdadero es el que se hace a través de las naturalezas muertas.

Para ellas el tiempo es un túnel que lleva al acabamiento, al final, a la podredumbre, al silencio que cierra y sella el horizonte.

Vivir, así, parece un ejercicio fatigoso, una carga, un viaje con un fardo muy pesado, un ciclo sisifeano sin otra parada y fonda que el deslumbramiento en breves instantes, que los brillos obsesivos de la pasión, que el engaño de un neón que señala un lugar ficticio llamado felicidad.

Viajar es ser un punto en el interior de una esfera; un punto indeciso que no ocupa lugar determinado y que gira sin destino como satélite de un agujero negro.

Mi vida no es la belleza árida de un desierto ni la selva lujuriosa y excitante. Mi vida es un viaje por las cajas chinas de la memoria que reúne esas naturalezas muertas como compañeras de diálogo en el único monólogo posible…

Textos: Antonio Garrido (Viajar por entre laberintos) (extracto)
Imágenes del Puente entre Irún y Hendaia


El desfile (Botero)

Reblogueo Del Blog de Javier https://wordpress.com/read/feeds/1142659/posts/2550009513

Gracias por esta interesante entrada con una explicación desmenuzada del contenido de la obra de Botero en relación con el problema de Colombia.



En El desfile (2000) una serie interminable de muertos en sus ataúdes son llevados por los supervivientes, sumidos en desconsuelo y espanto, hacia el cementerio del lacerado pueblo.

La violencia en Colombia siempre ha sido una de las obsesiones de Botero. Como ocurre en este óleo de grandes dimensiones, en el que se sintetiza la profusión de muertos que han inundado, por décadas, el país. Pareciera que los ataúdes sepultan a los habitantes y las calles de este pueblo, que podría ser casi cualquiera en Colombia.

Una realidad que Botero plasma en un pueblo desfigurado, con casas desproporcionadas y sin orden ni armonía.

El color que más se utiliza en “El Desfile” es el rojo y el negro. El rojo porque bien es un desfile de varios muertos, denota la sangre derramada del pueblo y el negro, por el luto y la agonía que padecen los pobladores.


Luna de febrero

Esto es un desquite.

Ayer por la mañana me desperté con una gran luna llena enfrente de mi habitación. Fui rápidamente a por la cámara, ajusté los parámetros de velocidad, diafragma e Iso y para cuando coloqué el trípode la ciudad se había cubierto de una niebla espesa y ya no se veía la luna.

Fastidiada por haber perdido la oportunidad de obtener una buena fotografía desayuné pensando que otro día sería… Pero de repente me recompuse de la desilusión de no haber conseguido la imagen deseada y salté como un tigre a por la imagen de niebla frente a mi terraza. Volví a por la cámara que había guardado, y para cuando la ajusté la niebla había desaparecido dejando un cielo limpio. Esa hora azul mágica que en el estado emocional de doble fracaso desprecié tontamente.

Hoy no es luna llena… pero, para mí, como si lo fuera.