Pasión en el Pirineo

Se hace llamar Oscar.

Le reconocerías enseguida si antes él no se hubiera dirigido a tí para ofrecerte una sonrisa debajo de su rizada blanca barba e invitarte a entrar en su “sancta sanctorum”. Su simpatía atrapa, su aspecto, perfectamente estudiado de bohemio trasnochado o de chamarilero del lujo, apasiona. Y te quedas un rato largo admirando la cuidada organización de lo que en principio piensas que es su gran caos, y te demoras en un recorrido por la magia de la luz y del color que invaden el espacio y te invita a un vinito mientras te va explicando de dónde viene cada una de las piezas que te atraen. Y no sabes muy bien si te gustan o te interesan las antigüedades, pero lo que tienes claro cuando sales de la tienda de antigüedades de Sallent de Gállego es que has pasado un rato inolvidable.

Salí de allí feliz. Le compré una cámara de fotos antigua, una maravillosa “antigüalla” con el importante valor de ser un precioso recuerdo de aquel encuentro.

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