Caprichos

Cuando sales de viaje la curiosidad se pone en “alerta máxima”. Has preparado (o nó) minuciosamente la ruta, los sitios recomendados por tus amigos, National Geographic u otras publicaciones, Wikipedia, en fín, puedes manejar un montón de apuntes y listas de nombres impronunciables de pueblecitos situados lejos de cualquier sitio, pero que merece la pena visitar. Y sales con el ímpetu y la ilusión que te caracteriza a comerte el mundo. El caso es que despiertas un día nuevo en un nuevo lugar y abres los ojos a lo que desconoces por completo y miras a todas partes intentando absorber lo más posible de la nueva aventura.

Dicho ésto, ahora voy a sorprender. A la primera, a mí misma.

Imaginar que me encuentro inmersa en la belleza de una hermosa ciudad medieval. Todo; edificios, iglesias, casas, comercios, todo de una especial singularidad como corresponde a un país que ha sabido respetar la esencia de su patrimonio y mostrarlo al mundo con la pulcritud que merece. Pero, además de valorar todo esto, me encapricho de coleccionar lo que puede parecer una estupidez. Pues también soy así. Y, de paso que me enamoro del sitio, me fascina fotografiar los elementos publicitarios colgantes de los pequeños comercios.

Y ésta es la colección de un “capricho” que traigo del viaje que nos ha llevado a recorrer Bretaña en Francia.

Pulsar sobre cualquiera de las imágenes para verlas en su tamaño real.


Otro día hablaré de “Cosas bonitas”…

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