Petricor

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Trae la noche un olor a lluvia y hierba húmeda y a lunas de verano,
trae fragancias adolescentes y quimeras que se enredan entre la hiedra
y las luces de la ciudad,
la noche se desnuda y se perfuma con esencias de manzana
y memoria de abrazos entre aromas de sudor y ropa recién planchada.

Imágenes de un sueño que no se sabe cómo contar…


Siete días y cinco flores

Siete días y cinco flores.

Paso el tiempo leyendo los periódicos, escuchando las noticias. También miro por la ventana de mi cuarto de atrás que da a una clínica privada. Digo que miro por la ventana no solo porque dé el sol por las mañanas, sino porque pienso en las personas que están detrás de las persianas a medio subir, o a medio bajar, eso depende. El sol blanco de este primer día de primavera me da de lleno en la cara, cierro los ojos, lo siento cálido, me dejo acariciar y pienso. Podría estár ahí recluida, en lugar de en mi casa. Detrás de esas ventanas a las que no llegará el sol hasta la tarde, y quizás entonces para algunos ya sea demasiado tarde… Hay diferentes tipos de cautiverio.

Se ha alargado el plazo, y es probable que se siga alargando. Solo se nos pide paciencia para salir de ésto, todos juntos, con nuevas ideas que habremos tenido tiempo de madurar para entonces.

La muerte acecha por las esquinas. Quiero abrazar a mis hijos y no puedo. Fui de las privilegiadas que pudieron abrazar a su madre y sostuve sus manos, tan finas y blancas, hasta que se quedó dormida. Pienso en ella y en sus manos que nos acariciaron tanto, tan sabias. Admiro a las personas que atienden a los enfermos, que no descansan, que deben de tomar decisiones difíciles y no tienen tiempo de retirarse a llorar antes de ello. Son los héroes y heroínas de este silencio que llena las calles de las ciudades y llena de amor desinteresado los hospitales.

Está frío el cristal de mi ventana.