Ramitas de Olivo

Es difícil abstraerme cuando me encuentro frente a laderas envolventes y apacibles de olivos.
Sé que es muy difícil que pase desapercibido el tronco de un olivo milenario…

“El Olivo, árbol milenario de la sabiduría y de la paz, ha sido adoptado por la raza humana como fuente de riqueza y alimento desde hace milenios. La historia del Olivo hunde sus raíces en el tiempo hasta el mismo origen de la agricultura en las primeras civilizaciones del mediterráneo y el oriente próximo.

«Es que este árbol no es nuestro. No nos pertenece. Es de la historia, de la vida, de la tierra, de nuestros abuelos y bisabuelos y tatarabuelos. No es nuestro». Dicen los personajes de la película de Iciar Bollain titulada “El Olivo”

Ver: La historia del olivo
Ver: El aceite de oliva en la historia de la humanidad


Puentes I

Anochece muy pronto, lo que hace posible dar un paseo por cualquier rincón de la ciudad. Ayer me dediqué a fotografiar la belleza de los puentes antiguos de la ciudad ya instalada la noche. Un nocturno tranquilo con una temperatura amable a la orilla del río antes de que se instalen las nieblas del mes de Noviembre.

Ver: El Puente de Piedra

Aunque el puente conservado data del siglo XV, hay referencias de que en la época romana existía un puente —se supone que con pilares de piedra y tableros de madera— en el lugar donde hoy se encuentra el actual, pues de otra manera Caesaraugusta no hubiera cobrado la importancia que tenía de no ser porque servía como punto de acceso al noreste de Hispania.


Ver: Puente de Hierro

Fue el segundo puente fijo que se construyó en Zaragoza, su finalidad fue aliviar el tráfico en el Puente de Piedra, el cual estaba al límite del colapso en el siglo XIX, por este motivo se decidió construir el Puente de Nuestra Señora del Pilar, o como todos lo conocemos: el Puente de Hierro. Su inauguración fue el 18 de Octubre de 1895.


Castañas

Echo en falta calentarme las manos con un paquete de castañas envuelto en papel de periódico. Echo en falta la sonrisa de la castañera, su tez tintada de negro, mientras recibe en sus manos enguantadas de negro unas pocas monedas que esconderá en su faltriquera debajo del delantal, y el aroma de las castañas asadas a medida que me despido de ella en la esquina de la Plaza de Gipuzkoa hasta otro día de frío…


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